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lunes, diciembre 08, 2008

Trabajo perfecto

"Cuando deseas algo con vehemencia lo conseguirás", esta frase estaba grabada en su mente y su corazón, José Ramón sentía que debía forma parte del equipo de soporte técnico del Banco Central; estudiaba informática y poseía buen dominio de la materia.


¿De dónde le nacían estas ansias? Bueno su madre fue de las primeras en formar el cuerpo de policia bancario y el estar en constante ir y venir por las oficinas le impregnó ese aire de oficina, ver esas mujeres elegantemente bien vestidas y esos empleados con esas finísimas corbatas de colores tan atráctivos le atraia demasiado para no soñar con ser unos de esos ellos. ¿Por qué no?, si le gustaba vestir de así impecable y elegante. Ya conocía algunos empleados que le fueron presentando en sus visitas: Jorge, Andrés, la bella Annie, y el sub-gerente Administrativo Asunción Peralta.


Este era su hombre, el que le podia ubicar donde el deseaba, además el empujón era algo seguro por parte de Peralta, hace tiempo que José Ramón levantaba el teléfono de su casa y siempre era para su madre, ¿quién? simulaba no saber, pero conocía bien la voz: Peralta estaba cortejando a su madre y aunque no preguntaba sabía de la salida de ambos, por ser el único hijo de esta mujer pensaba que era para su beneficio. Por lo tanto no le incomoda para nada muy por el contrario, las estímulaba cuando se sentaban a comer en la mesa y ella no dudaba en hacer valer sus atributos y seducción femeninas para ayudar a su hijo.


Bien, la oportunidad que esperada llegó un viernes, el teléfono sonó, lo levantó:

-¿Sí? un momento por favor...

-...No hijo, es contigo que deseo hablar. Sabes quién soy, ¿verdad?

-Claro que sí.

-Tu madre me ha dicho que estás muy interesado en trabajar aquí y me ha informado que estudias y bueno tengo algo para ti, ¿Estás interesado?

-Claro que si. Es lo que deseo hace tiempo.

-Ven el lunes para que comiences a trabajar de una vez.

-Claro que si, ok, ahí estaré a las 10.30 de la mañana.


Su madre que salía del baño preguntó que si era para ella, José Ramón la cargo y le dijo lo que Peralta le había dicho y estaban los dos super felices. Ella había logrado su parte, miraba a su hijo muy alegre con los ojos humedecidos.


José Ramón se juntó con su amigo y le informó de la buena noticia. Su amigo no era incrédulo, mas bien realista, y de plano le preguntó: ¿ Y cuál será tu trabajo, no te dijo?

-No me dijo, pero sé que es algo bueno, en oficina y con corbatas, ja ja.

-Has tenido tantos de deseos de trabajar en el banco que creo que no estarás mucho ahí. Siempre que deseas estar en algún lugar con tanto afán como lo estás, la decepción es mayor y la caída más dolorosa.-

-No será así, ya verás cuando este allá te informó. Ahora un trago y a celebrar las buenas nuevas.

-Bueno ok José, si tu lo dices.

Llegó el lunes a las 10.20 de la mañana en recepción, se anunció y luego de un par de minutos le invitaron a subir. Bien vestido camisa blanca, pantalones negros, por hoy no uso corbatas pero esa vendría luego. Peralta le envió a Recursos humanos y de ahí a Logística.


Pensó José Ramón: Logística, debe haber un error. Preguntó y sí era donde estaba asignado: primera planta y luego hacía el fondo. La alegría de su rostro se borraba mientras se acercaba.

-Ok, tu el nuevo, ¿cuál es tu nombre? José Ramón.

-Ve al locker cambiate las ropas y vete en esa camioneta azul con el viejo de la gorra.

Volteó y miró, ahora estaba mucho más confundido, hizo lo que le indicadon y al terminar montó y se marcharon.

Esto fue lo que contó a su madre y amigo al tercer día:


"Los quiero decir lo que pasó. y será breve. No trabajo como Soporte Técnico sino, cargando escritorios, sillas, mesas y cajas de papeles, en fin todo lo que se puedan imaginar. Peralta no me recomendó en donde quería, y estos tres días estuve en la cama de una camioneta asquerosa con gentes que para realizar este trabajo toman un trago de ron cada diez minutos, la vergüenza era tal que no hablaba con ellos nada más que lo necesario, y la gorra la usaba hasta los ojos, y simpre iba con la cara mirando mis rodillas. Un día me tocó en las oficinas que tantas veces fui perfumado y bien vestido, por suerte nadie se fijó en mí. Ayer fue mi tercer día y estoy molido, ya no vuelvo más para allá mamí llámale y dile mi pensar, ese no es trabajo para mi.

Su madre no podía creer lo que escuchaba, con lágrimas en los ojos llamó a Peralta y le insultó: "Mi hijo no es un obrero, es un estudiante, lo oyes. Como los pones con gente que bebe todos los días y en su trabajo, te pedí algo donde el pudiera desarrollar sus habilidades, no eso que el dice que hizo estos días, ¡eres un maldito hijo 'e puta!" Y le cerró, esto marcó la ruptura de la amistad entre ambos y del romance también.

Y su amigo, pues, era yo, y aún cuando me recuerdo me vuelvo a reir. Y mi amigo jamás volvió por las oficinas del banco.

domingo, noviembre 23, 2008

Omar

El día que Omar murió la espesa lluvia que caía parecía la de un sueño, las gotas chocaban contra el techo de zinc queriéndole romper. A las nueve de las noches se corría la voz entre los vecinos preguntándoles a los niños si sabían algo: Polo dijo que le dejó en el Ozama y las informaciones estaban confusas pero nadie sabía nada de él.

La familia se querelló y comenzaron la búsqueda en la orilla del río, el lugar que se le vio por ultima vez, según Tony, fue en frente de la planta eléctrica, en donde hay un pocita de agua poco profunda que soliamos frecuentar; allí los bomberos comenzaron la busqueda, eran las diez y treinta cuando dos buzos se metieron en las contaminadas y sucias aguas para encontrar el cuerpo, era seguro que había muerto, después de cerca de dos horas de intensa búsqueda, hallaron su cuerpo semi desnudo, enterrado hasta la cintura en el lodo de la orilla a algunos cien metros de profundidad. Es tanto los desperdicios y la arena que llega al rio que u orilla esta enlodada. A la hora siguiente su cuerpo estaba siendo velado en su casa, revisiones forenses, rápidas: "Murió ahogao, el muchacho", dictaminó el medico.


En mis adentros no sentía el mínimo deseo de ver su cuerpo, fui a insistencia del Orejón, que casi a rastras me llevó. Si no asisticia sería me llamaría pendejo delante del coro, y eso era vergonzoso. Así que fui.

Tenía el rostro desfigurado: las jaibas y los peces le mutilaron los parpados, nariz y parte del labio superior y una oreja. estuve poco rato y me escurrí entre la gente. aquella noche no pude dormir. Cuando cerraba los ojos le veía con su rostro mutilado invitándome a jugar, y tenía que abrirlos: toda la noche fue lo mismo hasta que al fin amaneció. Fue entonces que se supo de los detalles de su muerte y el porque decidió quedarse sólo: alrededor de un grupo de siete incluyéndole a él se fueron al Ozama a bañarse. Cuanto tiempo permanecieron en esta faena no se sabe, sólo que cuando oscurecía comenzaron a recoger sus ropas, menos Omar que quería quedarse otro rato más. Polo y Tony le pedían que se fueran que era de noche, pero él no hizo caso, y los demás despuntaban la subi-íta.

Tomos dos galones y con una soga se los amarró al cuello, mientras les decía: “Váyanse si quieren…esta noche o aprendo a nadar o muero intentándolo”.

Esas fueron sus últimas palabras.

El parqueo

Kiko, sentado en frente de su garaje mitigaba el calor veraniego con unas cuantas cervezas: lentes oscuros, camiseta desmangada, pantalones cortos y chancletas. Llevaba cerca de cuatro frías. Mira a la calle, observa que alguien intenta parquearse enfrente. Agacha la cabeza para ver más claro: “Y este hije puta que se cree, que se va a parquear ahí”.

El hombre gira el carril, Kiko se levanta toma un trago, coloca la botella en el piso y se dirige al conductor: “Oiga aquí no se parqueé que es el frente de mi casa”.

-Pero señor esta es una vía pública, y me puedo parquear donde quiera-.
-Oiga le dije que no, que no lo quiero aquí, es más ahora buscaré mi van para ponerla ahí donde usted se piensa parquear-.

Toma sus llaves, se monta en su guagua la gira en U temerariamente e intenta cumplir lo que promete.

La otra persona le espera aun sentada, desajusta su cinturón y se apea de su coche. Al verle de pie a Kiko le pareció que medía dos metros, tragó en seco: “¡Ay mi madre! Pero en que lío me he metido con este tipo”. El gigante se le acerca y le dice: “No habrá ningún problema si lo dejo por un día en su puerta, ¿cierto señor?”

-No mi hermano, ¿problema? Ninguno. Si yo estaba relajando con usted, claro que si hasta dos días si quiere, mire hasta yo se lo cuido-.

Kiko no esperé despedirse volvió a sentarse, continuó tomándose sus cervezas sin molestar a nadie y viendo la gente pasar y riendo sólo de lo sucedido: “Por poco y me parten la madre por estar de hijo puta, ¡ah! diantre”.

La guerrilla

El asma estaba cada vez peor, le agotaba tanto que le desmayaba; la última crisis sufrida le dejo tres días inconciente y se cagó como niño, así lo describía en su diario de combate. La vanguardia y la columna principal llevaban semanas incomunicados y los partes que escuchaban por la radio no daban informes de combates.

Él sentía acortarse el cerco, pero tenía la fe que saldrían adelante, ya otra veces había sucedido, y ahora no sería la excepción. Sufría las primeras experiencias de guerrillas de combate: deserciones, traiciones, poca integración campesina, era normal. Más adelante el cambiarían el terrero de batalla y las condiciones.

Ordenó acampar en ese lugar, montaron vigilancia y envió a explorarlo y a buscar alimentos para la tropa. Meditando pensaba en la fe inculcada por su comandante, necesitaba más hombres, pertrechos y medicinas. Los enfermos aumentaban como las tropas enemigas, hasta el médico necesitaba atención, él se encargaría especialmente de este, porque estaba ciego, y necesitaba más cuidado al avanzar poco por las condiciones de la selva.


Medía hora después el grupo explorador llegaba: “Comandante, Inti capturó un monito para la comida y según la exploración estamos cerca de la Quebrada del Yuro, todo lo demás en orden”, reportó Pombo.

-¿Cómo esta el ánimo entre los hombres?-
-“La mayoría de los bolivianos están bien entusiasmando y más aun con tu presencia como jefe, Inti y su hermano renunciarán formalmente al Partido, por la acción poco compañera del secretario, Mario. Lo que me preocupa es que los hombres de Cuba no siente la misma llama de la Sierra, pero son fieles a ti”. ¿Cómo está tu asma?

-Está de mierda, Pombo, ya se pasará.
-¿Algo más?
-No, escribiré en el diario, está oscureciendo.
-Si señor-.
¡Ah! Pombo, supervisa que este todo bien.

Pombo, asintió con la cabeza y se marchó. Apostó dos hombres para hacer guardia, dejó la comida en preparación, se sentó a revisar su fusil y observar que todo estuviera como lo había ordenado Ramón. Algunas veces se preocupa por su asma, y de que no la sobrepase.

Ocho de octubre inicia la marcha en ascenso, cerca de las cuatro de la tarde llegan a la Quebrada del Yuro, mientras acampaban fueron rodeados: han caído en una embosca. Pombo y otros guerrilleros rompen el cerco y logran escapar yson separados de Ramón y los enfermos. Se reagrupan y tratan de contactar a los demás y comienza a crecer el temor de lo peor: Ramón fue capturado.

Ramón logra resistir y avanza lento por los enfermos, mientras curaba una herida en su pierna izquierda varios soldados, que se dirigían a poner un mortero, se le abalanzan y le apresan junto con los demás.

En la mañana del siguiente día escuchan por radio que Ramón a caído en combate con siete guerrilleros, Pombo lloraba desconsolado, aprieta los puños y jura seguir la lucha hasta el final.

Esa misma tarde los generales exhibían como trofeo el cuerpo de Ramón el médico, como forma de amedrentar a los demás guerrilleros y la población en general.

Insomnio

¡Ahhh! Se sienta en la cama, está asueñado pero no logra dormir, el frío del suelo le irrita: "¿Dónde dejé las chancletas?" Las encuentra va a la nevera y toma agua; luego al baño se mirá las ojeras oscurecerse cada noche: "A donde pararé".En la habitación, el reloj marca las dos y treinta tres. Se recuesta, cierra los ojos, se concentra, nada. Aunque está cómodo no sabe el porque del insomnio, piensa recordando las personas con las que comparte el autobús por las mañanas: la señora que se despide con un beso de su marido, el hombre y la mujer que hablan hasta por las codos, la embarazada que come más que un loco, los jóvenes que llevan ropa de construcción (parecen hermanos). Simula leer el diario gratuito que toma de la caja de periódicos de la esquina pero la verdad es que los observa, conoce bien quienes abordan, hasta donde llegan y hasta si se ausentan."Y que hago pensado en esas personas sin conocerla, mejor será que duerma."Estuvo aún enredándose en las sabanas a punto de dormirse. ¡Tic! ¡tic! ¡tic! La alarma le levanta, ve la hora: cuatro cuarenta. Encuentra que las horas han pasado volando, así lo fueron. "Otro día de trabajo, la misma rutina, celebrar los chistes malos del jefe y escuchar las babosadas del Manager y ver las idioteces que comete el supervisor con tal de conseguir un aumento; regreso aquí, llega la noche y luego lo mismo a acostarme sin poder conciliar el sueño.

viernes, junio 20, 2008

La partida

Angie ¿Te volveré a ver?
-No lo sé. Con lo sucedido no...
-...No me perdonaste ¿verdad? Lo sabía.
-Si te perdoné, pero las cosas jamás serán como antes. Será dificil para mí verla con un hijo tuyo, eso me recordaría tu infidelidad.

Max, cubrió su rostro y ella tomaba sus maletas; cuando intentaba salir, se paró y la detuvo en frente de la puerta. Con lagrimas rogándole por una oportunidad y afirmaba su cambio.

-Max, ya es tarde mi decisión está tomada y no hay marcha atrás. Lo siento, dejame ir.
-Que mis ojos cuando mirén otra quedén ciegos, que mis manos se quiebren cuando la toque, y que mi corazón se detenga cuando vuelva a amar.

Afuera un auto esperaba, sin responderle lo dejó, 

viernes, agosto 10, 2007

El radio

La rara manía de mi hermano mayor era la de desarmar todos los aparatos electricos de la casa: radios, televisores, walkman, etc. Esto le trajo muchas peleas con mi madre porque luego de cerrarlos funcionaban a medias o no lo hacian, mi mundo era más bien jugar con otras cosas y nunca mostré interés por la electrónica y sus tubitos de colores.

Una tarde de esas en las que estuve jugando en el patio de mi casa, metiendo la cabeza en una cubeta, me surgieron algunas preguntas: ¿Viajará el sonido por el agua? ¿Cómo podría comprobarlo? pensaba aun jugando y tratano de escuchar lago: nada. ¿Cómo podré averiguarlo? ¡ZAS! pensé y abrí los ojos: "sí el radio de pilas de mami funcionara, claro, lo entro en el agua y si el sonido se escucha comprobaré mi teoría".

Esperé mi madre dormirse, lo hacía todas las tardes, tomé su radio de pilas sigilosamente del gabetero y lo llevé al patio: tomé la cubeta la llené de agua, prendí el radio y mientras lo introducía, con mi cabeza dentro trataba de escuchar la emisora. luego de 10 segundos tenía un radio lleno de agua, y miedo terrible.

¡Ay! ¡Me mata mami! lo coloqué de donde lo tomé, el gua llegaba hasta el pisos. Limpié lo que pude y alejé de la habitación.

Cuando mi mama se levantó, tomó el radio y dando gritos comenzó a llamar a mi hermano, lo tomó de la mano preguntándole que le hizo al radio, que estaba lleno de agua: "Mami yo no le puse la mano".


"Anjá el único que siempre está jodiendo con los aparatos eres tu, ahora verás" dijo y tomando la correa le propinó tremenda pela. De mi, no se sospechó ni por asomo, y no sabían hasta hace algunas semanas que les dije la verdadera historia del radio y el agua.

lunes, julio 16, 2007

Relato Onírico

La Luna oculta, ahí estaba dentro del espeso bosque; entre la penumbra sin poder ver, caminaba a tientas tropezando con los árboles intentado llegar a algún lugar, no hubo mas que tocar y sentía el viento escurrirse por mis dedos. Continué, sentí mi piernas mojadas y me undía, el pantano en el caí me rodeaba de musgo y el olor al agua le respiraba. Me levanté con gran esfuerzo. estuve atrapado y sentí ganas de pedir ayuda, si acaso alguíen me escucharía donde estaba.

La Luna adornaba el obscuro cielo y el aullido de los lobos me saco de mi admiración quebrando el silencio e hiriendo mis odios: asustado me incorporé, y con todas mis fuerzas salí del pantano decido a alejarme de ser la cena de estos animales.

Detrás escuché un movimiento destructor, los árboles en su caída provocaban un estrepitoso temblor del suelo, no miré a atrás: corrí desenfrenada y asustado mis piernas se debilitaron rápido y el siniestro espectro más cerca estaba, jadeando y sintiendo el corazón salirse de mi pecho, me detuve cinco segundos, seguido continué otra vez en vano. Y el siniestro me atrapó, su voz no provocaba ningún miedo, su físico por igual, pero de su s ojos resplandecía un llama escarlata que quemaba, no pude verles por más de unos segundos.

"En vano huyes, sabes que no existe lugar donde esconderte", dijo secamente. Sin levantar el rostro traté de hablar y el temor me impedía proferir palabra. Continuó: "Sabes que lo que busco es algo es tu alma y el pacto incumplido me hace tu dueño".

Sentí arder mi pecho, veía sacar mi corazón. Latiendo lo vi en su mano izquierda mientras levantándolo victoriosamente, reía de tal manera que parecía cubrir. Volvió hacia mi y sus encendidos ojos volvieron a quemarme. Cerré los mios sin deseos abrirlos. Lo extraño es que no había muerto. Lloré apretando los ojos fuertemente, quedé dormido, desperté en la sala de un hospital, vendando y con dolor en el pecho.




lunes, abril 23, 2007

Mi primera vez

Esperé el momento y se había prorrogado no sé cuantas veces; le había dado un carga mística, fantástica, esotérica. La hora definitiva, decisiva, vital y ansiada por mis hormonas masculinas, llegaría; la prueba a la que todo hombre se somete, sentía me dirigía al patíbulo, al caldazo. Yo y ella, ella y yo. No sé por que extrañesa y circunstancias de la vida recordaba a la niña que enamoré cuando contaba diez años, estuve loco por ella.

El día que le hablé de mis sentimientos me hirió diciéndome loco. El dolor de aquel recuerdo llegaba ahora, pero sentía vengarme, sentía poder volar o subir la cima de una montaña de un salto. Al ver quien estaba a mi lado, me invadía la fortuna y un frío corría mi espalda, me llegó la excitación prematuramente.


Mirábame tiernamente. Besé su frente y en ese momento me tomó con su delicadeza habitual, me acercó a ella y me besó furtivamente introduciendo su lengua y enredándola con la mía fundiéndose en una sola.

Susurró unas cuantas palabras que no las puedo repetir, mis sentidos saltaron brúscamente al escucharlas. ¡Dios! esto no es un sueño, es puramente real, y yo soy el actor principal. Ansiaba llegar a nuestro destino, porque estaba harto, cansado de los encuentros solitarios conmigo mismo, deseaba llegar más lejos, para que la espera fuera bien recompensada, que fuera un mágico momento, único. Me gustaba soñarlo. Soñar produce una satisfacción casi real. Lo real es mucho mejor, rompe las espectativas.

Estuve sumergido, casi absorto pensando, conocía el lugar a donde ibamos. Ya no soportaba más, deseaba experimentarlo. Escuché tantas historias de cuan estupendo, placentero y maravilloso fueron esos encuentros de estar con una mujer a solas, me dirigía al mío propio.

Al fin arribamos, pagué al taxista, estaba tan feliz que no esperé el cambio, entramos agarrado de manos. Fuimos a una pequeña ventana, pedí la habitación y pagué y no reparé en gastos le dí una propina de veinte dólares, con todo el dinero que me prestaron que eran veinte dólares, si los disfrutaría como nadie. Recibí las llaves, no vi el número de la habitación marcado, el recepcionista nos indicó seguir por el pasillo y doblar a la izquierda, ahora me percaté del maldito número 28, se me encendieron los sentidos, recordé una broma en la que decían que era loco por haber nacido el 28 de febrero a las ocho de la noche: ¡Malditos compañeros de trabajo!. Uno de ellos fue más lejos dijo que si nací en febrero y es el mes dos y a las ocho de la noche, los juntaba el dos y el ocho le daba 28. Cuando terminó todos rieron a carcajadas, menos yo; lo perseguí por toda la compañía, no logré atraparlo, pero el rencor hacia el maldito Chepo lo siento aún, aunque a veces le hablo a ese maldito.

Llegamos a la habitación, se recostó en la cama, yo un poco tímido me recosté a su lado, me preguntó si estaba asustado. En verdad lo estaba pero no lo confesé. Subió a mi cuerpo me besó, la besé. y comenzó la batalla de caricias, besos, movimientos de un lado y otro de la cama, nos quitábamos la ropa sútil, delicadamente, hasta quedarnos totalmente en cueros. A estas alturas de los acontecimientos mis temores se habían disipado, era otra persona tenía mucho más iniciativa, la tomé con fuerza y sonrió, miró a mis ojos, acercó sus labios a mis oídos, susurró:"Entralo ahora". Tenía muchas ansias de hacerlo, entendí que no era el momento, pero accedí. Es indescriptible las sensaciones al momento de la entrada, una calidez y tibiesa que provocó la aceleración de mi corazón y mis caderas, ella lo mismo, danzamos por no se cuanto tiempo, era rico el cadencioso vaivén de nuestros cuerpos.

Mientras más me movía sentí aquella sensación que sabía que comenzaría a llegar al punto de no retorno y acaecería lo inevitable y sí, eso era. No ahora pensé, no maldita sea porque ahora, decía esto y no podía tener mi cuerpo, ¡no! ¡Sí! ¡ah! ¡ah! ¡ah! me vengo. ¡Ella decía dámela! sí!, yo ¡ah! no me meo, me meo, y sí oriné a mi chica. No supe donde poner el rostro de la vergüenza, ella compresiva acarició mi cabeza, abrazó mi cuerpo, susurró a mis oídos que todo estaba bien.


Puertas del tiempo

Detúvose en frente , el miedo le impedía tocarla, pero una fuerza mayor le empujaba para ver que había escondido detrás de una desgarrada y vieja puerta sin manubrio, temblando y sudoroso su cuerpo se abalanzaba, al fin la abrió. Esforzábase por ver hacia dentro, nada, sólo tinieblas. Decidido entró.

La habitación obscura, parecía un juicio sumatorio, siendo juzgado por los irreconcilliables tormentos de experiencias anteriores, vívidas, latentes que aferrándose en unas ideas que no volverían, y que formaban parte del pasado, del que desenfrenadamente no había escapado y estaba atado. Su cabeza era un amargo campo de frustraciones, batallas, locuras, suicidios, que le impedían que su vida transcurriera normal. Parecía que todas las fuerzas que rigen la naturaleza se puesto en su contra.

Diosdado primero no sentía que su nombre había sido una buena presentación, pertenecía a su abuelo. Lo odiaba, era un nombre infame, así por mucho tiempo se identificó: El infame.

Secuencialmente pasaron imágenes de cuando fue adolescente, y estaba con sus compañeros en la escuela, sintió deseos de alcanzarlas sin lograrlo, quería tenerlos para sí. Y sobretodo hablar con ella, Salomé; como un rayo cayó el recuerdo de la adolescente, ahora mujer que estuvo siempre en su memoria a pesar de los años, una lágrima rosaba su mejilla, la había amado tanto, aun lo hacía, pero no estaban juntos. No sabía por cual razón.

Quizás fueron los consejos de su madre o de sus amigos, lo cierto era que esto le provocaba una profunda depresión, la misma al enterarse de su matrimonio. Pensó en el suicidio, pero algo le detuvo y decidio continuar su vida. No la veía desde aquel día que la encontró en una tienda por departamentos, la siguió por unos cuantos pasillos, cuando decidió hablarle, vió un hombre con un bebe en brazos que la alcanzó. Se detuvo, apretó las manos y se humedecieron los ojos y marchó.

Triste ese día fue a su casa; se culpó de todas las cosa que sucedidas, no importando cuantas explicaciones o argumentos utilizara, fue siempre culpable. Le obligaron a estudiar un carrera que nunca deseó, deseaba ser arquitecto, y sus padres entendieron que debía ser economista.
Accedió a la suplicas de su madre. La relación con su padre fue de peor a insostenible, no podían estar si quiera en la misma habitación sin pelearse. Por esto las visitas a las casa de sus padres eran clandestinas desde hacía un tiempo sin que su padre se enterara, y este ya ni preguntaba si acaso tenía un hijo.

Continuó por otro rato, lloró por lo que era su vida. Recordó la puerta anterior que le llevó al día de graduación del colegio, la última vez que estuvieron todos sus amigos juntos, y luego la fiesta, añoraba tanto volver hacia atrás. Sólo podía ver todo en una especie de retrospectiva. Se desplomó, al despertar estaba en su cama, sabía que su vida volvería a ser la rutinaria.

Levantarse a la misma hora, ir al trabajo y pasarse el resto del día entre papeles y cuentas y números y luego un extenuante día entre reuniones y disquisiciones de asuntos económicos, regresar al mismo lugar y encontrarse con su esposa. El saludo se había convertido en rutina y las conversaciones muertas, compartían una vida alejada y distante, una casa que apenas podía recoger los platos rotos de la aventura matrimonial.

A la altura de esta etapa de su vida, se sentía más bien confundido que realizado. Cada una de estas puertas se abrían a su pasado, le traían sentimientos confusos porque sentía que la irrealización contrastaba con lo que ahora llamaba vida. Se veía como un ser distinto.

Cada viaje era a un pasado conocido, extrañado, ansiado, anhelado, perdido e irrecuperable. Por más que deseaba volver y cambiar lo ocurrido debía conformarse con verlas sin importar que pasara, eran las únicas veces que se encontraba con el mismo.

sábado, abril 14, 2007

Aventura en el Subway

De mi llegada a New York habían transcurrido cerca de tres meses, hasta ahora no había estado en el Subway sólo, siempre estuve con un amigo u otra persona.Como trabaja en Brooklyn, debía dirigirme desde Manhattan donde vivía. No lo hacía en trenes sino, que mi padre me daba un ride de ida y vuelta en su vehículo. Por eso no sentía por entonces la necesidad de aprender el emparañamiento de las rutas downtown, uptown, east side, west side, Queens bounds, Bronx bounds, Brooklyn bounds entre otras jergas ferroviarias propias de las mega metropolis, acostumbradas a vivir enjauladas en los vagones de los trenes que trasitan la ciudad por debajo de la tierra en la mayoría de los casos y otras por arriba las otras.

Un Domingo me tocó trabajar pedí las instrucciones de llegar vía tren y las encontré fáciles, tomar el tren 1 y transferirme en la calle 14th, caminar el
túnel y abordar el tren L hasta la estación de Montrose, asi mismo transcurrió. Mi salida era cerca de las cinco de la tarde, y debía esperar a mi padre para que me recogiera, ese día no era el mío, al rededor de las tres de la tarde recibo una llamada de mi papá informándome que debía irme solo hasta la casa, que como yo entendía un poco de inglés y era ágil podía llegar, claro yo dándomelas de inteligente accedí y ahí comenzó mi periplo.

Salí del trabajo, entre otra vez en la misma estación de Montrose, tomé el tren L y bueno me dije pero esto es super fácil ¡ja! ¡ja!. Hasta me reía sólo. Miraba en cada estatión percatándome que iba por la vía correcta, asi era. Hasta que algo me confundió, cuando tome el tren uno me quedé en la 14th y esa era la imagen que tenía y al ver la calle 14th me quedé pero esta no era la estación, esta era 14th st. Union Square, una estación antes. Subí las escaleras miré observe y estaba confundido, decidí tomar otro tren, cualquiera.

Sentí pánico por un instante, ya había pensado tomar un taxi, pero descarté la idea, pensé llamar a un amigo a mi padre, pero pensé que era mejor seguir mi aventura en el subway sólo, así continué mirando el mapa, deteniéndome en algunos estaciones y tomar ootro tren, no recuerdo a ciencia cierta cuantos lugares estuve, recuerdo algunos pocos, porque después pasé por esos lugares.

Tomé el tren Q y llegue hasta no sé cual estación, vi en el mapa que iba en otra dirección, lo tomé de regreso. volví a la 14th y Union Square, y caminé y seguí la ruta de los trenes 4, 5 y 6 y tomé creo que el tren 6 y llegue hasta el Bronx, era verano y estaba caluroso en ls trenes, y además tenía unas fundas con algunas cosa que había comprado. Salí en una estación dispuesto a no volver en tren, reflexioné por unos momentos y creí oportuno que debía aprender ahora, sino esto me pasaría con más frecuencia y nadie me enseñaría conocer el sistema de los trenes.

Tome el tren nueva vez hasta la calles 59, salí el mapa y leí los letreros y me transferí al tren E, sabía que ese tren me llevaría a la línea de los trenes A y C y que estos me llevarían al tren 1. Pero no sabía en cual estación quedarme. En la siguiente estación me detuve a ver el mapa otra vez, calculé en donde podía transferirme, vi las líneas azules en la calle 42 seguí el pasillo donde indicaba el transfer.

Estaba exhausto, cansado caminaba con las últimas fuerzas hasta que al fin llegue y tome el tren 1 con dirección uptown, me senté y solté las bolsas que traía conmigo, llegué a la estación de la 137, subí las escaleras cansado pero ya estaba cerca de la casa. Eran alrededor de las once de la noche, había salido de Broolyn como a las seis tarde, estuve en tantas estaciones que cuando se lo conté a mi padre, pego una carcajada hasta el cielo.

viernes, marzo 23, 2007

Las cosas de Nené (otra entrega)

Luego del incidente con Bobby, los amigos de la tribu de Nené, Richard y Andy le otorgaron por su valiente un racimo de guineos que se tomaron de una pequeña pulpería, que estaban en frente de la casa de Richard; este envió a Andy a comprar un pan con mantequilla. El viejo torcido y cansado por los abatares y la vida bohemia que llevó, le prepara el pan, Richard tomó su bicicleta montó los guineos y se los llevó a Nené. Juntos todos nombraron a Nené como lider de la tribu que no tenía nombre aun pero que en el momento de la investidura a Andy se le ocurrio nombrarle la tribu del Batey.

Comieron guineos rulitos, hasta jartarse, péro Nené estuvo pensativo todo el tiempo como si algo le perturbara; Entonces le preguntó Richard:

-Nené, te veo pensativo, ¿que te pasa?- Nené se tomó un tiempo y le respondió:

-Sabes aún Bobby me la debe. Ese animal me marcó en las nalgas, no se va a quedar así. ¡No! pagará más-.

Richard y Andy se miraron sorprendidos al escuchar la determinación de su líder. Cuando Nené les miró asintieron como automatas dispuestos y resueltos a ayudarle en todo lo que deseará.

¿Están conmigo muchachos?- preguntó-.

-Claro que si respondieron al unísono, pero un poco confundidos-.

Por varios días Nené estuvo pensando lo haría con el Bobby, era una obseción con ocupaba su mente; permaneció una semana en esas cabilaciones hasta que convocó a la trubí. Aquel viernes, se junto con Richard y Andy, les dijo:

-Ya sé que le haremos a Bobby-. dijo Nené

Richard y Andy se miraron un poco asustados, pero conociendo a Nené tan bien como lo conocían, le expresaron que estaban dispuesto a hacer lo que él ordenará. Andy preguntó:-¿Qué harás?-.

-Según estuve pensando-, comenzó. -Todos estos días ocupando mi mente en este asunto, se me ocurrió colocarle en la cola un "buca pié", al perro ese como escarmiento y luego prenderlo, je je. ¿Qué les parece la idea, muchachos?-.

-Como haremos eso, Nené?-, Preguntó Richard.

-Si como lo haremos-, le secundó Andy.

-Para eso están ustedes, mis fieles amigos-, dijo Nené.

Estos aún incrédulos respondieron que no había problema alguno, que contara con ellos. Nené explicó largamente, su camaradas escuchaban pacientemente como actuarían y que debían hacer en el momento indicado, solo era hora de esperar el momento indicado para actuar.

Luego de varios días de planiación el plan consevido marchaba bien. Richard mezcló las pastillas en el agua, el efecto fue casi inmediato, seguido Andy y Nené atarón los explosivos en la cola. Andy y Richard se marchaban, voltearon al ver que Nené no estaba a su lado, le escucharon decir case entre susurros:

-Mañana verás que quien soy, animal del demonio-. Luego esperarían por la mañana que pasaran los efectos del adormecedor, y cuando estuvieran soñoliento encenderían los explosivos. Andy tenían la tarea de vigilar.

Así lo fue completado tal como se consivió, a eso de las diez de la mañana Bobby comenzaba soñoliento a despertar, Andy estuvo de guardia y avisó a Nené Y Richard lo debían comenzar ahora. Los tres se acercaron mirando para todos lados percatándose que nadie les viera. Nené encendió un fósforo y acto seguido lo llevó la punta de los busca pies, prendieron, corrieron a esconderse y se deleitaron a carcajadas mientras veían a Bobby gritar frenética y desesperadamente sin poder soltarse. Ante los angustiantes gritos del animal todo el mundo salió a socorrerle, esto duró hasta que los dies petardos estallaron.

Dentro del tumulto investigando los dueños, Doña Nana y Fellé, que había ocurrido y viendo las prueba en la cola, que estaba totalmente quemada y que además habia perdido la mitad de los pelos. Aún sollozoba algunos gritos cuando le soltaban las amarras que quedaron en su cola. Con ojos tristes el canino buscaba los ojos y la ayuda de su ama, para que lo socorriera.

jueves, enero 18, 2007

Luís y la nieve

Luís tenía cerca de tres meses viviendo en Nueva York y lo que más deseaba era ver la nieve, tocarla, sentirla, olerla y hasta saborearla, su llegada fue en otoño pero debía esperar el invierno.

Así fue estaba tan entusiasmado que no pudo dormir el día anterior cuando anunciaron la primera nevada. Salió a la calle corriendo, en pantalones cortos y con una camiseta blanca, se tiró en la acera la comió, se la puso en el cuerpo y jugo como un niño. Comenzó a sentir frío, recordó que no estaba abrigado y que en el ímpetu de la emoción lo alejó más de un cuadra. Abrió los ojos y se echó a andar rápido, luego a correr como alma que lleva el diablo, pero algunas cosas llegan en el peor de los momentos: sintió orinarse, detúvose agarrándose la entrepierna con ambas manos, y con el frío era ya dos cosas de las cuales preocuparse.

Llegó a la puerta, cuando la abrió sintió los pipís mojar sus pantalones y escurrirse por la piernas, por ver la nieve el frío le hizo orinar.

miércoles, enero 17, 2007

Tres nalgadas que te meas

No recuerdo cuantas veces escuché a mi abuela decir esto, a sus compañeras de iglesia, un grupo exclusivo de dos o tres que todas las tardes asistían a misa, luego al regresar les escuchaba deborar como fieras a todas las personas del barrio, sobre todo a las muchachas jóvenes. Pero mi historia es otra. Decía ella "...el muchacho que me falte el respeto le doy tres nalgadas de que se mea, carajo".

Contaba con alrededor de 8 años y las veces que le escuchaba,decía en mis adentros "...abuela está loca, que reacción puede crear tres nalgadas a un niño, ¡bah!habladurías". Continué mi vida dentro de mi manada, osea, mi compañeros de bellaquerías y travesuras, quienes hacíamos travesuras como cojer las gallinas y ponerles fuego por el fullín. Salían las pobres casi volando, que risa nos daba. a mi propia abuela en una ocación le pusimos fogaraté, una planta que expele microscópicas puyas que al caer muchas ¡UH!, en la silla. Al sentarse, ¡Wau!, escuchamos desde el patio el fuerte grito de la vieja, por suerte nadie se enteró que pasó y que nosotros estuvimos que ver con esa fechoría.

Pero me desvié de mi historia, resulta que en mi barrio había un señor que se le conocía como Leo, pero nosotros le pusimos Leo Pupú. el porque no lo recuerdo ahora. Bien, Leo Pupú tenía una camioneta de cabina de el color azul marino. Estaba en perfecto estado, hasta que llegó a nuestras manos pues nos dedicamos a hacerla nuestro lugar de juegos, nos sabíamos por la cabina y nos deslizábamos por el parabrisas, los pantalones se quedaban enganchados con los limpiadores y debíamos soltárnoslos.

Siempre estábamos atento de si Leo se acercaba, entonces dábamos la voz de alerta e inmediatamente nos mandábamos a correr, saliendo de su alcance; a los lejos sólo le escuchábamos vociferarnos atrocidades. Como la camioneta casi siempre la parqueaba en frente de mi casa, yo era el primero en decirle a los muchachos que nos fuéramos a jugar. En una ocación la voz de alerta no llego a mis odios, fui de los últimos en lanzarme por el parabrisas cuando descendí y vi a los demás corriendo e intenté hacer los mismo me encontré entre las piernas de Leo Pupú, traté de safarmelé y de nada sirvió, y acto seguido me propinó tres nalgadas, mientras me decía furioso: "¡Muchachos de mierda, piensan acabar con guagua!" y sentí un chorro tibio con corría por entre mis pantalones cortos, seguía por mis rodillas y llegó hasta mis tenis "Campeón" . Cuando me soltó no comenté nada a los muchachos de lo sucedido, entré callado a mis casa y cambié mis pantalones.

lunes, enero 15, 2007

Las cenas de Mingó

Mingó, se presentaba todos los santos días a la misma hora frente la iglesia de Santa Barbara. Se dirigía siempre tercer nivel de la plaza. Dejaba todos los sacos, fundas y bultos que cargaba en su espalda; arrastraba sus pies descalzos, hasta la iglesia, se persignaba, oraba por unos segundo y volvía a simular que preparaba algo que comer, hablaba consigo mismo, movía las ollas, preparaba la mesa con sus visitas y cenaba.

Algunos percibían esto como extraño, preguntándose: Si Mingó, no preparaba nada, ¿Por qué simulaba comer? era una pregunta frecuente. Quienes le conocían desde joven decían que enloqueció por la constante lectura. Se desempeñó como abogado, que provenía de la provincia sureña de Baní, tenía un hijo que por lo ocupado de su carrera lo vió pocas veces y este ni se recordaba de su padre. Domingo de Jesús Nin, creció con el apodo de Mingó, diminutivo de su nombre.

El sacerdote de la parroquia le observó en algunas ocaciones sin darle importancia hasta que las fieles Mujeres del Divino Niño, que se dedicaban a edificar en la fe, le informaron que los actos de ese mendigo se veían un poco extraño. En principio no le presto atención, pero luego de varias semanas de constante quejas de las fieles, un día le espero y le preguntó:

-Señor perdone, le he observado en la misma acción durante unos días, no es que me moleste, pero a las descentes persona de esta iglesia no les agrada-, le dijo el padre.

Mingó alzó la cabeza, le miró sin prestarle atención.

-Bueno le estoy hablando, puede responder por lo menos-añadió-.


-Si de verdad esto no le molestara no tenía que venir a preguntar-, dijo mientras movía las manos como si cocinara.

-No, claro pero esto me parece una locura, hace lo mismo todas las tardes, luego hace como si terminara de preparar los alimentos y se sienta, come, sin tener nada que comer, esto no es normal, por favor señor-.


Mingó se detuvo por varios segundos, no volteó, comenzó a recoger sus cosas colocandolas como pudo en su espalda, cuando hubo terminado le miró con firmeza dijo:

-Esto que hago señor sacerdote no es locura es hambre-, y se marchó y no se el vió jamás, por ningún otro lugar.

domingo, enero 14, 2007

Las cosas de Nené

Jacobo era el menor y único varón, de tres hijos de una pareja de maestros de San Pedro de Macorís le otorgaron el mismo nombre del padre; como todo niño le gustaba el juego, pero no era dado a hablar más de lo necesario. fue creciendo de igual modo, pero siendo el consentido de la casa, algo que detestaba creía que sus padres y hermanas exageraban en el trato con el. Su mundo lo convertían su amiguito Richard, una año menor y el pequeño, Andy el de más edad pero el más enano del grupo.

Para la familia Jacobo era conocido como Nené o el Nene del hogar, otra cosa que le irritaba, odia ese bendito apodo y más aún si le llamaban en frente de los demás amiguitos. En una ocasión le reclamo con voz sería a su padre cuando apenas tenía 6 años:"No me hagas ver como un consentido delante de mis amigos, sabes que no me gusta que me llamen Nené". Su padre le miró al pasar y quedó mudo y cuando quiso responderle había desparecido de su lado.

Cerca de donde vivían en la carretera que daba a Hato Mayor, a unos 500 metros del estadio Francisco Michelli, una zona poco poblada eran por donde vivía Jacobo, había un perro, Bobby, que había marcado a todo el mundo con sus dientes, siempre que lograba soltarse de la soga que le ataba a la mata de coco en el patio de sus dueños.

Nené que contaba a con cerca de 10 años, era el mismo de niño de poco hablar, le gustaba la escuela como una forma de escapar de su hogar, donde se sentía un bebe de teta. Y sus amigos, confidentes con los que hablaba mucho, más bien era el líder de la tribu. Mientras jugaban bolas un día a unos 20 metros de su casa, jugando bolas con su tribu. Estaba tomando todo su estilo, colocando sus dedos en la arena negra, y cerca de su bola para lanzarla. Sus compañeros se mandaron a correr, él se levanto y antes de preguntar Bobby clavó sus dientes en un cachete de sus nalgas, no gritó, aclaró sus ojos. Sintió cuando el perro le soltó, volteó y el perro se marchaba tranquilo.

Le persiguió se le echó encima, le agarró por el cuello, con todas sus fuerzas, lo doblegó y comenzó a morderlo con todas las ganas que le provocó la que recibió, Bobby, soltó un lastimero gemido una y otra vez, todos salieron de sus casas a ver que sucedía lo veían y no lo creían.

Su padre corrió y le desprendió del animal con fuerza tomándolo por la cintura, se lo llevó y Bobby al verse libre corrió a casa de sus amos gritando sin cesar. Nené tenía la boca y las manos llenas de los pelos de Bobby."¿Hijo que por qué le hiciste eso al perro? preguntó don Jacobo. Nené Respondió: "Para que vea si es bueno morder, si vuelve a hacerlo le haré los mismo". Su padre no sabía que responderle, pensó las cosas de Nené.

Sus compañeros quienes fueron testigos de toda la escena estaban con la boca abierta, por lo acontecido, "Nené está loco muchachos", ¿Vieron eso? Luego se rieron a carcajadas.


Continuará......

martes, diciembre 19, 2006

El tigre

La tierra se abrió y una nube espesa comenzó salir de un agujero que se había formado por el movimiento telúrico, emergía un ser femenino, vestida de blanco, con un básculo que emanaba una luz cegadora: La Madre Naturaleza hacia presencia ante los animales de la selva, en busca del tigre de Bengala.

Le rodearon por el norte, sur, este y oeste; ella en el centro esperó unos segundos y el tigre preséntose, esperó, miró y preguntó:

-¿Con desesperación me buscas? aquí estoy-.

-"En este importante día"-inició-,Ante ustedes te ofrezco alas para que puedas volar, podrás continuar dominando los cielos como lo haces en la tierra y no tendrás par alguno que se te compare.

Un silencio sepulcral arropó la selva, de pronto ¡trum! un rayo, todos se miraron espantados; el tigre se mantuvo incólume, mirada fija, patas firmes. Todos le miraron, le envidiaban, crecía el murmullo entre todos, creyeron que aceptaría. Esperaban con impaciencia su respuesta. Mientras el reflexionaba, Madre Naturaleza hacia una muesca esperando; el tigre tomaba su tiempo, al fin resuelto respondió:

-Tan gran ofrecimiento es tentador, pero ¿Seré en lo cielos tan hábil como en la tierra? ¿Poseeré la misma agilidad para salir de los matorrales y correr por los pequeños arroyos y atrapar a mi presa? ¿La paciencia que es característica de mi linaje la tendré al volar? ¿Dominaré los animales como el verdadero rey que soy, donde hasta el humano me teme y respeta?

"En los cielos, sería una indefensa ave que aprende a volar, sin lugar donde estar, sin pena ni gloria. Estaría a merced de las aves rapaces y caería víctima de sus ataques. No podría utilizar tan ágilmente mi garras ni estrangularía mis presas. En la batalla cuerpo a cuerpo o existe rival que se compare con mi fuerza, destreza y el poder de mis patas delanteras. No deseo alas ni los cielos, continuaré en la libertad que me ofrece la tierra y el alberque de la selva verde.

S
e miraron unos a otros al escuchar las cuestionantes y su explicación. La Madre Naturaleza interrumpió sus cabilaciones: ¿Desechas la posibilidad de volar? a lo que el tigre respondió: Sí.

Ahora comprendían porque el tigre les dominaba, de la perpeglidad pasaron a la admiración, entendieron la inteligente elección.

-Has elegido con sabiduría, has evadido un obstáculo que podrían fin a tu especie, pero la has salvado de la extinción. Continuarás reinando terrenalmente a los demás animales, continuarás siendo el temido Tigre de Bengala-.

Con estás palabras la tierra tembló nueva vez, los cielos se tornaron rojos, truenos y rayos surcaban el horizonte, la Madre Naturaleza descendía a los confines de la tierra con básculo en mano, despidiéndose. El Tigre miró en rededor a todos, volteó, y de subito se perdio en la verde maleza del bosque.





martes, mayo 30, 2006

La Volveré a ver

La vi al caminar por la
calle El Conde con el contoneo
de sus caderas al compás de
sus nalgas; su melena
jugaba sobre sus hombros al
mover con donaire su cabeza.
Adelantó al paso, le alcancé,
me coloqué a su lado. Me miró
sonrió, le sonreí; me detuve por
un instante mientras desaparecía
por entre el tumulto de personas.
Al perderla de vista pensé: "Algun día
la volveré a ver".